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Diagnóstico del Cáncer de Ovario

8 de August de 2011, a las 13:06:08
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Habitualmente en las etapas iniciales el cáncer de ovario suele cursar sin síntomas, o con síntomas muy leves que pasan desapercibidos y se confunden con cualquier proceso benigno inespecífico. La razón estriba en que en la cavidad abdominal, el tumor puede crecer e incluso diseminarse de manera silenciosa, de forma que cuando el tumor origina síntomas ya suele estar extendido. Incluso los primeros síntomas en las etapas avanzadas son habitualmente vagos en forma de molestias inespecíficas abdominales, por lo que es frecuente que sean ignorados o confundidos con procesos como molestias abdominales o "gases".

Aunque no es un síntoma muy frecuente, en algún tipo de tumores ováricos pueden producirse metrorragias (sangrado vaginal entre ciclos en la mujer premenopáusica, y en cualquier momento en mujeres ya postmenopáusicas). Este es quizá el síntoma por el cual la mujer acude más rápidamente al médico.

El cáncer de ovario es por tanto difícil de diagnosticar precozmente, y esta es la principal causa de que el diagnóstico se realice tardíamente en muchas ocasiones. De hecho, el diagnóstico en esta primera fase suele hacerse por lo general de forma accidental, es decir, se diagnostica por pruebas que se realizan para diagnosticar otros problemas de salud o en las revisiones ginecológicas de rutina.

Cuando el tumor se desarrolla más, pueden aparecer otros síntomas, como pérdida de apetito, sensación de plenitud abdominal tras la comida (aunque esta sea frugal), o pérdida de peso. También puede originar acumulación de líquido en el abdomen causando lo que se denomina ascitis, que puede ser muy importante y causar distensión de la cavidad abdominal. También puede producir derrames pleurales, que son acúmulos de líquido en la pleura en torno a los pulmones produciendo en estos casos dificultad para respirar o sensación de falta de aire (disnea).
Igualmente, el crecimiento de una masa ovárica en la pelvis puede afectar a las estructuras vecinas, principalmente la vejiga y el recto causando síntomas como necesidad de orinar frecuentemente, diarrea o estreñimiento así como dolorimiento abdominal o pélvico. Estos síntomas tan inespecíficos pueden estar presentes en muchos otros procesos benignos pero tienen importancia y deben motivar una consulta al médico especialmente sin son persistentes y/o inusuales.
Ante la sospecha de cáncer de ovario, se realiza a la paciente un estudio general que incluye:


  • Una historia clínica completa y una exploración física minuciosa con exploración de la pelvis y exploración ginecológica.

  • Analítica de sangre, orina y radiografía de tórax. Dan información sobre el estado general de la paciente y permite a veces detectar complicaciones asociadas al proceso tumoral.

  • Marcadores tumorales son sustancias que aparecen en cantidades superiores a lo normal en los pacientes que padecen algunos tipos de cáncer.
    En el cáncer de ovario el marcador más preciso es el antígeno CA 125, que se encuentra elevado en el 70-80% de los casos. Normalmente se detecta en sangre, aunque también pueden aparecer en orina, líquido ascítico (líquido acumulado en la cavidad abdominal) y en el propio tejido tumoral Sin embargo, hay pacientes que no presentan elevación del marcador CA 125, y además puede estar aumentado en pacientes que no tengan cáncer de ovario como ocurre en algunas enfermedades benignas que cursan con ascitis (líquido en la cavidad abdominal) o inflamación de la cavidad peritoneal.
    La utilidad principal de esta prueba radica en el seguimiento de la enfermedad, puesto que suele existir una correlación entre el nivel de CA 125 y el grado de actividad de la enfermedad.


  • Exploraciones radiológicas.



Las exploraciones radiológicas más habituales son:

Ecografía ginecológica en su doble vertiente, abdominal y transvaginal: consiste en la colocación de una sonda de ecografía en la pared abdominal o en el interior de la vagina. Permite identificar con bastante precisión los ovarios y detectar tumores ováricos si los hay, así como valorar la extensión en profundidad del tumor, la afectación de otras estructuras vecinas (tanto órganos como ganglios) y la presencia de líquido libre en la cavidad pélvica si lo hubiera.

Tomografía Axial Computerizada (Escáner o TAC) de abdomen y pelvis: el escáner es un aparato de rayos X, que realiza radiografías desde varios ángulos. Estas imágenes son combinadas y procesadas en un ordenador para dar lugar a radiografías en las que se visualizan de forma muy precisa todos los órganos. El TAC informa sobre el tamaño y localización del tumor en la pelvis, la presencia de afectación de ganglios linfáticos regionales, la existencia de ascitis (líquido libre en la cavidad abdominal) y la presencia de metástasis viscerales en bazo o hígado (que suelen ser poco frecuentes en esta enfermedad).
El TAC también permite detectar en la mayoría de las ocasiones la presencia de implantes peritoneales (implantes tumorales en la cavidad abdominal) Estos implantes son muy frecuentes en el cáncer de ovario.

Laparoscopia: consiste en introducir un tubo flexible llamado laparoscopio a través de una pequeña incisión realizada en el ombligo. En su extremo va adaptada una microcámara que permite visualizar el interior del abdomen desde un monitor de televisión. Requiere anestesia general.

Cirugía: es la prueba diagnóstica por excelencia en el cáncer de ovario. Se realiza siempre que existe sospecha de la enfermedad para confirmar el diagnóstico. La técnica utilizada se denomina laparotomía (intervención quirúrgica de la cavidad abdominal). Durante la cirugía se realizan biopsias, y si es factible se completa la intervención que además servirá de tratamiento. Por tanto, con la cirugía conocemos el tipo de tumor, la fase o estadio en que se encuentra la enfermedad y las posibilidades de tratamiento que existen tras la intervención quirúrgica.

Otras pruebas diagnósticas

Resonancia magnética nuclear (RMN): es una técnica que permite obtener imágenes muy semejantes a las ofrecidas por el escáner, pero utilizando campos magnéticos en lugar de rayos X, No siempre es necesaria.
Ocasionalmente se realiza una cistoscopia para conocer si está infiltrada la vejiga o una rectoscopia para conocer si está infiltrado el recto, antes de programar la cirugía.
Paracentesis: consiste en la extracción del líquido acumulado en el abdomen con el objetivo de obtener una muestra para su análisis o para vaciar la cavidad peritoneal.
El diagnóstico definitivo de cáncer de ovario lo establece el médico especialista en anatomía patológica tras analizar por el microscopio el material remitido por el cirujano (el tumor del ovario o un implante).

Este estudio anatomopatológico permite clasificar al tumor según su procedencia en: epiteliales, germinales o del estroma. Más del 90% de los cánceres de ovario son de origen epitelial, en sus distintos subtipos: Seroso, Endometriode, de células claras, Mucinoso e Indiferenciado, siendo el más habitual el subtipo seroso.

También nos permite clasificarlos en función del grado de diferenciación celular en:

-Bien diferenciados o grado 1
-Moderadamente diferenciados o grado 2
-Pobremente diferenciados o grado 3

Esta clasificación por el grado de diferenciación celular tiene importancia pronóstica. Los tumores bien diferenciados tienen mejor pronóstico, mientras que aquellos cuyas células tienen un aspecto menos diferenciado son los tumores de alto grado o grado 3 tienen peor pronóstico.
Editado por pioa el 9 de August de 2011, a las 08:55:28. Motivo:
 
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